Nunca caminarás solo, Michael


El deporte ha sido un pilar fundamental en mi vida. Desde que tengo uso de razón me veo a mi mismo frente al televisor viendo algún evento. Sea fútbol, sea motor, sea lo que sea. Y el deporte tiene algo precioso. Se establecen relaciones con las diferentes situaciones que se crean. Una de esas relaciones son los comentaristas. Asocias ese deporte a esa voz, esos comentarios, ese acento.

Ese acento que nunca más volveremos a escuchar. Ese acento que nos ha acompañado por todos los campos de fútbol de Europa. Ese acento que, en pensar que no lo volveré a escuchar, hace que me emocione profundamente. Una gran nube de tristeza se crea sobre mí al escuchar cualquier referencia a ese inglés, al escuchar el “You’ll never walk alone”.

Michael Robinson ha sido todo un referente para mí. Seguro que no soy el único que piensa lo mismo. El día 28 de abril ha sido uno de los más duros que recuerdo. Por mucho que sepas que va a pasar, cuando sucede es un golpe muy duro.

Así se pudo ver en el Hoy por Hoy, programa que me dio la terrible noticia. Una sensación muy similar a la pérdida de un familiar. Así era lo que yo sentía. Que había perdido a un familiar que entraba en mi casa varias veces por semana.

Michael me ha enseñado una forma de hacer periodismo. Me ha enseñado las diferentes del deporte. Me ha enseñado una forma de vivir a pesar de las dificultades. “El cáncer puede que me mate, pero lo que no va a hacer es matarme todos los días”. Durante todo el día estuve escuchando las declaraciones de todos los que entraban en la SER para hablar del inglés y sentía una profunda envidia sana por no haber llegado a conocerle.

Algo que tengo claro es que mi motivación y devoción por el periodismo me lo han dado ciertas personas. Una es Pepe Domingo Castaño, escuchándole absolutamente todos los fines de semana por la radio. Otro fue Andrés Montes enseñándome que la vida puede ser maravillosa. El tercero es Robinson, con su pasión haciendo lo que más le gustaba.

El último partido de Champions que se pudo jugar nunca lo olvidaré. Al principio era por motivos deportivos. Ver ganar al Atlético de Madrid contra el campeón de Europa sufriendo como nunca deja huella. A esto se le suma que fue el último partido con acento inglés.

Quien sabe, puede que haya sido el momento idóneo para lo que tenía que pasar. No le hemos visto perder su esencia y su despedida fue en su casa. Ojalá sepa que nunca caminará solo. Descansa en paz Michael.

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