La magia de cierta montaña

Llevo sentado frente al teclado durante media hora, queriendo escribir, queriendo expresar todo aquello que se me pasa por la cabeza, todo aquello que en pleno confinamiento es protagonista de mis pensamientos, mis recuerdos y mi estado de ánimo.

Son muchas horas de reflexión, muchas horas de soledad (a pesar de estar en familia). El tiempo empieza a ser relativo. Pierdes la cuenta de cuantos días llevas sin ver a esa persona, cuanto hace desde la última caña o cuanto hace que llevas aplazando las cosas con un “mañana empiezo”.

En días como estos, echo de menos muchas cosas que antes deseaba dejar de hacerlas. Jamás pensaba que necesitaría tener trabajos a realizar para la universidad. O querer tener la obligación de asistir a una clase online. Pero una cosa destaca sobre las otras.

Hay un espacio que es vital para mí. Un espacio que es mi burbuja. Un espacio que me es más útil que una sesión de terapia. Nos solemos quejar muchas veces, pero no somos conscientes de lo que tenemos hasta que lo perdemos. Estos días de confinamiento han hecho que ese refrán cobre más sentido dentro de mí.

Me siento afortunado de decir que estoy muy contento en mi trabajo. Soy feliz en esa montaña. Esa montaña mágica. Una montaña por la que ahora mismo pagaría por pisar y salir de este arresto que nos vemos obligados a realizar por el bien de todos.

Es verdad, todos nos hemos quejado al estar allí. Muchas veces tenemos motivos. Pero, en lo personal, es algo que necesito hacer cada fin de semana. Si, son muchas horas. A veces demasiadas, pero es un espacio de aislamiento de la realidad, de la cual se agradece desaparecer, por muy poco tiempo que sea.

Llevo dos veranos que no los olvidaré nunca.

Afortunado soy de trabajar al aire libre. Afortunado de trabajar con la gente que trabajo, a la cual echo demasiado de menos. Y, también, echo de menos los problemas con los clientes. Me hacen falta todas esas historias que cada día surgen. Todas esas narraciones que estas deseando explicar al resto de personas a la hora de comer o al salir.

Te crea un mono-tema que sufren los de tu alrededor. Pero cuando algo te gusta, lo haces con ganas y te da experiencias que pocos sitios te pueden dar… Lo único que nace en mi interior es un deseo inmenso de que todo esto acabe. Que llegue el día en el que los informativos abran con la noticia de “hoy hace un año se declaró el estado de alarma en España” y nos acordemos de como estábamos en ese momento, tan distinto.

Y es por eso que necesitaba soltarlo de alguna manera. No es lo que suelo publicar. No es, ni por asomo, lo mejor que puedo escribir, pero es una vía de escape necesaria. Un desahogo mental en tiempos difíciles. Tiempos que acabaran pasando, que nos harán ver las cosas de forma diferente.


Muchos dicen que nada será igual después de esto. Yo no lo tengo tan claro. Habrán cambiado cosas, obviamente, pero nuestro deseo de volver a ser como éramos es más fuerte que el miedo que se pueda tener.






Comentarios

  1. Que bonito te a quedado me a llegado al corazón muy bien te se da muy bien enhorabuena porque te lo has trabajado súper bien y lo has escrito con el corazón felicidades!

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