GP China 2007: El día de la puzolana

Publicada
03/04/2017

Empezó una nueva temporada de Fórmula 1 y con ello las esperanzas de disfrutar de un gran espectáculo. Se esperan grandes carreras en el futuro con esta nueva normativa, pero no se puede olvidar el pasado. Es por ello que, en cada semana de Gran Premio, se recordará alguna carrera memorable del circuito protagonista, o de alguno que se eche de menos. Llega China y, después de conocer vuestra opinión, un servidor les invita a viajar al GP de China del año 2007.

El circuito de Shanghái fue la penúltima prueba del Mundial 2007. Un mundial marcado por el spygate y la batalla Hamilton-Alonso en McLaren. Después de un duelo a tres, entre Hamilton, Alonso y Räikkönen, Lewis llegaba con la primera oportunidad de convertirse en campeón del mundo en su año de debut en el “circo” de la Fórmula 1. Por su parte, Kimi y Fernando llegaban a China casi sin opciones. El de Ferrari era quien había logrado más victorias, pero sus abandonos hacían que aterrizase en el país emergente con 17 puntos de desventaja con el inglés (recuerden que puntuaban los 8 primeros pilotos y el ganador lograba 10 puntos). En el otro bando del equipo de Woking, Fernando llegaba a China después de sufrir un abandono en la anterior prueba, en Japón, 12 puntos por detrás.

La carrera empezaba con Hamilton en la pole, seguido de los dos Ferrari y de Fernando Alonso. Pero en esta carrera había un invitado especial: la lluvia. El líquido elemento no se quiso perder esta primera oportunidad del, por aquel entonces, novato Lewis Hamilton. Con el asfalto mojado se apagaron los semáforos y empezó una de las carreras más emblemáticas de este siglo, por lo que sucedió durante el transcurso de esta.

Diez años después, quien redacta estas líneas ha revivido lo que sintió por aquel entonces con solamente 9 años una mañana de domingo. Nada más empezar, Alonso y Massa nos ofrecieron otro capítulo más de su duelo personal (no se puede olvidar el GP de Europa de ese mismo año). Alonso ofreció al público otra gran salida, adelantando por fuera al segundo de los Ferrari en la primera curva del circuito, pero el brasileño se la devolvió dos curvas más tarde. A partir de aquí, el asturiano no pudo lograr el adelantamiento a su futuro compañero de equipo, sufriendo un tapón durante prácticamente 20 vueltas.

Mientras tanto, Hamilton volaba sobre el circuito chino, alejándose cada vez más del tercer clasificado en el mundial, Kimi Räikkönen. Los coletazos del tifón que azotaba China quiso hacer la carrera un poco más interesante. Víctor Seara no tardó en anunciar al público español que llovía sobre Shanghái. Pero esa lluvia no era consistente. Al volver del primer corte de publicidad, se empezaba a vislumbrar un carril seco. Era intermitente, ni se mojaba la pista ni llegaba a secarse del todo.

Con esa situación se llegó al primer baile de paradas. El primero, el líder de la carrera y, en aquel momento, campeón matemático del mundial. Únicamente repostó, manteniendo los neumáticos intermedios. Estos parecían más bien unos slick como los Pirelli actuales que los compuestos utilizados en aquella época. Lo mismo hicieron sus rivales en carrera. Con el mismo orden que antes de realizar las paradas, se llegó al segundo corte para publicidad. Nada más volver, empezó otro baile de paradas, esta vez para colocar el “calzado” de seco. Mark Webber fue el primero en arriesgar. La pista se estaba secando y los intermedios ya no eran viables.

Pero Neptuno quería más emoción en la carrera y mandó a China un poco más de agua. Muy poca, pero la justa para crear el caos. Alonso alcanzó a Massa y se sacó de la nada un gran adelantamiento sobre Felipe saliendo de la curva más lenta del circuito, gracias a una gran tracción de su MP4-22. Massa entró directamente en boxes a colocar secos. Error, puesto que en la última curva llovía. Esto hizo trompear al Toyota de Ralf y  chocar contra el muro a un Spyker. No eran los únicos que sufrían. Räikkönen se acercó a Hamilton y, con la pista realmente complicada para esos intermedios desgastados que aún llevaban sus monoplazas, nos ofrecieron un gran duelo. ¿La pega? Telecinco se iba a publicidad.

Pero volvió en el momento más importante de la carrera. Incluso de la temporada. Antonio Lobato gritó el “¡problemas para Hamilton!” que muchos recuerdan. A partir de aquí, ese chaval que madrugó para no perderse la carrera de cada domingo vivió uno de los momentos que le marcaron de pequeño en lo que respecta a la Fórmula 1. Hamilton había sufrido un desgaste excesivo en sus neumáticos y había pinchado. Llevaba las ruedas “en las lonas”, como repetía Antonio en la retransmisión. Alonso le alcanzó y el inglés encaró el carril de boxes. He aquí el momento icónico de la carrera (para los que vivieron la narración en España).

La narración se volvió una locura. Hamilton se salió de la trazada y acabó en la puzolana. Lobato repetía, casi sin voz, “¡se puede quedar ahí, se puede quedar ahí!”… hasta que se quedó. Fue en ese momento en el que Gonzalo Serrano (con poca deportividad, todo sea dicho) gritó el famoso “¡Sanganchao, sanganchao!”. “¡Estamos vivos!” decía Gonzalo, mientras recordaba que todo se decidiría en Brasil.

Hamilton sufrió el primer abandono de la temporada. Un abandono que muy probablemente le costó el mundial. A partir de aquí, poco más. La carrera acabó en seco, con victoria de Räikkönen, seguido de Alonso y Felipe Massa. En esta carrera pasó inadvertido otro joven piloto. Vettel finalizó una extraordinaria carrera en cuarta posición, 13 puestos más arriba que en su puesto de salida. Ya dejaba ver su destreza al volante, una destreza que le llevó a conseguir sus cuatro títulos consecutivos.

El mundial se decidió en Brasil, con Kimi como campeón, pero eso ya es otra carrera. El momento del abandono de Hamilton fue el que marcó la carrera en España. Entró a formar parte de la historia de la narración deportiva de este país. Las formas no fueron las mejores pero, en ese momento, para un servidor, fue un momento realmente emocionante.




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