El retorno de la ilusión



Necesito escribir esto. Seguramente no debería, porque al estar todo demasiado caliente y el no haber asimilado todo lo ocurrido no es ideal, pero la última vez que escribí de esta manera salió algo realmente recomendable de leer.

Hacía años que no me sentía así. Prácticamente hace casi un lustro que esto no me pasa. Los nervios del domingo, las ganas de que llegue la hora de la carrera, la esperanza de lo que puede llegar a pasar y la parte de ti que te dice que no va a salir bien… La última vez fue en Brasil 2012.

Supongo que ya sabéis a qué me refiero. Hace tres meses no me imaginaba a mí mismo viendo una carrera a doscientas vueltas en un óvalo, con solo cuatro curvas. Pero aquí estoy, sentado delante de la pantalla desde las cinco y media de esta tarde de mayo.

Y todo por un piloto. Un piloto que hizo que me aficionara a la Fórmula 1. Un piloto que, otra vez, ha hecho que me den ganas de ver más carreras de una competición. En este caso, la IndyCar. Y es que Alonso me ha hecho recordar mi infancia, ahora que me acerco a cumplir la quinta parte de un centenario.

De pequeño notaba esta sensación semana tras semana. GP tras GP. Y es que, realmente, hace muchísimo tiempo que esa ilusión por ver una carrera desapareció de mi vida. Pero ojo, no me refiero a que no tenga ganas de ver una carrera de Fórmula 1, si no que ya no se ve de la misma manera. No me considero alonsista, pero lo que sí soy es fan de cualquier deportista español y Fernando es un claro abanderado de lo que me gusta en el deporte. 

Esta ilusión ha vuelto hoy con las 500 millas de Indianápolis. Bueno, no solo hoy. Desde el sábado pasado tenía ganas de que llegase este domingo 28 de mayo de 2017. Ver como un piloto que, a su edad, se le considera rookie colocarse entre los nueve pilotos más rápidos, en un tipo de coche (y circuito) que no hacia ni un mes que había probado por primera vez, indica que se avecina algo grande.

Y así ha sido. No he sido capaz de levantarme en las más de tres horas de carrera. Tanto Alonso como Oriol Servià (y los otros 31 pilotos que participaban) me han demostrado que al otro lado del charco hay carreras realmente divertidas. Pero me da muchísima rabia como ha acabado todo…

He sentido una decepción, un jarro de agua fría sobre mí, que no sentía desde 2012 en Brasil. Para los que no han tenido la oportunidad de ver la carrera, Alonso, después de liderar bastantes vueltas, mostrando que era veloz y sabía lo que hacía, aparentando llevar años en ovalos, abandona por una rotura de su motor Honda. Un hecho ajeno al piloto. 

Se merecía acabar. Y, en caso de no ser así, que no fuera por algo que no puede controlar el piloto. Si este abandono lo provoca un error de pilotaje es mucho menos decepcionante, para mí, que una rotura de motor. A pesar de que debería estar acostumbrado…

Esto ocurrió a veinte vueltas del final. Poco después fue Oriol quien tuvo que abandonar, esta vez sí, por un accidente cuando iba 5º. Muchos habrían (y han) dejado de ver la carrera. Total, como ya no había españoles en pista…

El hecho de seguir pegado a la pantalla me dejó claro que a partir de ahora tenía una cita con los americanos cada fin de semana. Y que había recuperado aquella parte de mí que desapareció con mi infancia.

Hoy ha sido un “San Motor” de libro. Me voy con varias lecciones: Lo primero es que tenemos Fernando para rato. Ver la sonrisa con la que ha estado durante este largo mes da a entender que se vuelve a sentir motivado. Lo segundo es que la IndyCar no es solo dar vueltas sin parar a un circuito sin casi curvas. Es mucho más: la estrategia, los relevos… Lo tercero, y ultimo, es que no será la última vez que sienta la ilusión por una carrera. 

Sea por Alonso, sea por Sainz, sea por quien sea. Me alegra pensar que, después de dar por perdida esa ilusión, ese sentimiento, haya vuelto a mí con esa fuerza. Solo espero que no tenga que volver a esperar otros cinco años para sentirla…

Es una sensación que me encanta, me hace sentir bien, con ganas de más. Incluso me alegro de sentir esa decepción que he sentido al ver el humo blanco del coche. Soy una persona a la que le sobra pasión. He tenido la suerte de vivir en una época (deportiva) en la que no faltan motivos para sentir esa emoción. Ese nerviosismo. Esas mariposas en el estómago. Esa necesidad excesiva de mover la pierna como un tic nervioso.

Creo que no soy el único que se ha sentido así. Tengo ganas de ver las audiencias que ha logrado #0 con la carrera. Se notaba esa ilusión por Fernando mirases donde mirases. Un ejemplo claro lo he vivido en mi casa. Mi padre, que no le gusta la Formula 1, que la veía cuando Alonso ganaba, que dice que no son divertidas, ha estado viendo la carrera desde el principio. Algo impensable.

En conclusión, me he vuelto a sentir como un niño viendo la carrera. Me alegro de haberla visto. Me alegro de haberme hecho ilusiones. Ilusiones que iban a más durante la carrera. Ojalá las cosas cambien el año que viene y vuelva a sentir esto semana tras semana.

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